domingo, marzo 02, 2014

Procesos de paz en Venezuela y Colombia, dos realidades en paralelo.

En Colombia desde el pasado año se establecieron los diálogos de paz entre la guerrilla y el gobierno de Santos. Un grupo de guerrilleros, de los conocidos como cabecillas viajó primero a Noruega y luego a Cuba, allí se ha trabajado una agenda de discusión en la que se busca "la paz con justicia social". Hasta ahora no se ha podido llegar a un acuerdo, aunque ha habido ciertos avances en el diálogo, por ejemplo se ha acordado incluir entre los puntos de un virtual acuerdo la integración de los grupos insurgentes a la vía política y su participación como fuerza electoral, pero los enfrentamientos armados han continuado y ni los irregulares ni las fuerzas del gobierno ha depuesto las armas.

En Venezuela, después de las manifestaciones de enero y febrero de 2.014, el gobierno y algunos sectores de la sociedad civil han comenzado a hablar de diálogos de paz y hasta se han hecho reuniones en las que los opositores y el gobierno han expuesto ciertos puntos que son de importancia para lograr que el país vuelva a su calma habitual, pero igualmente las protestas han continuado, se sigue interrumpiendo el libre tránsito de los ciudadanos en las barricadas que se forman el las calles, han incendiado edificios, la represión continúa y se siguen produciendo muertes de manifestantes y de agentes del orden público. 

Los procesos de paz en Colombia y en Venezuela son de muy distinto signo, primero que nada en Colombia el poder del Estado todavía y a pesar de los defectos del sistema electora es aceptado como legítimo por la gran mayoría de la población, la separación de poderes funciona y las fuerzas armadas no están politizadas. En Venezuela en cambio se tiene como un hecho la politización de las fuerzas armadas, la separación de poderes prácticamente no existe y la legitimidad de las autoridades ha sido puesta en duda por la oposición, que en boca de Henrique Capriles desconoció los resultados de las últimas elecciones presidenciales.

En Venezuela,  al contrario que en Colombia no existe un movimiento insurgente organizado y armado, aunque en los últimos días se han generado focos de protesta encabezados principalmente por estudiantes, estos focos son relativamente pacíficos y digo relativamente porque en su estrategia está impedir el libre transito de los ciudadanos, además que han respondido con bombas molotov a los intentos de dispersarlos de los agentes del orden público o a los ataques de colectivos armados que apoyan al gobierno revolucionario. 

El proceso de paz al que ha llamado Nicolás Maduro no ha contado hasta ahora con la presencia de los representantes de los grupos disidentes que han encabezado las protestas aunque el gobierno ha llamado al diálogo. Esta falta de respuesta puede ser consecuencia de la supuesta causa de ilegitimidad que los protestantes atribuyen al gobierno, pero pienso que el fundamento de esta ruptura está en el gran abismo ideológico que existe en los dos grupos y que se manifiesta en los factores de poder de ambos bandos que niegan a reconocerse mutuamente. 

Desafortunadamente la situación generada por la falta de diálogo sólo puede conducir a más violencia. En la teoría general de la resolución de conflictos una de las soluciones, la más extrema es la supresión del factor en conflicto y por desgracia esa parece ser la intención de ambos bandos, suprimir al otro. Los insurgentes, por darle un nombre al sector de la oposición que no está presto al diálogo no cuentan con el armamento suficiente para suprimir al gobierno, mientras el gobierno está suficientemente armado, pero hasta ahora no ha mostrado la voluntad de acciones extremas, como establecer una suspensión de garantías constitucionales o peor aún el decreto de un estado de guerra civil que llevaría a las ejecuciones de los insurgentes o la detención masiva de estos. Los demás medios de solución de conflictos suponen el diálogo, lo cual pasa por el reconocimiento mutuo.

Ahora bien, ante la negativa al diálogo por parte de los grupos radicales de la insurgencia lo único que se podría esperar es que dada su falta de armamento se comiencen a armar, lo que llevaría lógicamente a la violencia armada, es decir a la formación de guerrillas urbanas, dado el hecho de que los insurgentes no están entrenados para pelear en otros escenarios distintos a los centros poblados. 

La situación planteada hace que concluyamos es que ambas partes hablen claro y expongan las posibles  consecuencias del no diálogo. Pero el diálogo debe ser un proceso honesto, en el que las partes estén dispuestas a ceder, si esto no es así sería una conversación de sordos. El primer paso es sentarse a la mesa y para hacerlo es necesario que se den las garantías suficientes para  a los negociadores en sus derechos a la hora de negociar y obviamente la garantía del respeto a las conclusiones de las negociaciones. Venezuela,definitivamente es una imagen en  el espejo de Colombia, no podríamos decir en este momento hasta donde va a llegar el conflicto venezolano y que signos tomará, pero si no se actúa por la vía de un  diálogo sincero la paz está comenzando a desvanecerse.  

No hay comentarios.: