En estos días hemos sido testigos de la violencia en las calles de Venezuela. El gobierno ha decidido reprimir las manifestaciones de los estudiantes y los ciudadanos que no protesten de acuerdo a las reglas que se les imponen; pero, los manifestantes han querido responder y es así como hemos visto como se golpea brutalmente a un estudiante que ha querido pasar de la raya hasta donde podían llegar y como policías y guardias han atacado con perdigones, bombas lacrimógenas y chorros de agua a una marcha buscando disolverla.
Es cierto que de parte de los manifestantes también salieron piedras y botellas lanzadas contra los contingentes policiales y militares. También es cierto que las voces disidentes han buscado el dialogo y no han sido escuchado. Los miembros de Primero Justicia fueron a la Asamblea Nacional buscando ser oídos y la respuesta fue una agresión física por parte de grupos afines al sector oficial, luego pretendieron tomar el Tribunal Supremo de Justicia buscando presionar para obtener una respuesta oportuna a un solicitud hecha hace un par de meses por la vía regular y la respuesta fue desalojarles por la fuerza.
El pueblo venezolano ha sido tradicionalmente pacifico y respetuoso de la institucionalidad. El juego de la violencia parece estar siendo jugado desde el sector oficialista. Sabemos que se están entrenando ciudadanos en el uso de armas para estar listos para defender la revolución. No es mi intención emitir una opinión respecto al curso que están tomando las cosas en este momento, solo decir que nos alarma la situación.
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